Despertar a la vida

15 enero 2011
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No son fallebas que aseguren las ventanas para que la muerte no se escape,

ni óbolos que sirvan para pagar el flete del alma al buen Caronte,

pues la sangre aún bulle en mis entrañas a borbollones como entonces.

El plomizo peso que inmoviliza mis párpados es el consentido sueño

y un agotamiento por el gozar de hace unas horas, que aún perdura.

No está del todo el cuerpo invadido por la nada. No es difunto.

Ni llena la muerte enteramente la estancia en que aún hay vida.

Latente la primera mientras la otra late con una melodía de rutinarios pulsos y silencios,

viven la una de la otra permitiendo que yo muera y viva al mismo tiempo.

¡Como si vivir y morir no fuera lo mismo cuando se está locamente enamorado!

Fueron lúbricas horas huidizas entre besos que nos comunicaban, amor, ¡amor!

Un boca a boca tenaz mientras en el vértice oculto de tu vientre dejaba yo un deseo.

Se ha marchado la noche como vino: velada en lágrimas, radiante en sueños.

Hoy quisiera revivir lo ayer gozado dejando fiel constancia en estos versos.

¡Si supiera escribir todo lo que quedamente te dije anoche con mis besos!

Sosias

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