¿A qué vino lo del vino?

26 febrero 2007
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Los borrachos de VelazquezLa ministra Salgado nos ha sorprendido estos días de atrás con el anuncio de una ley antialcohol. Dicho así, pudiera parecer que esta buena señora no nos iba a dejar usar alcohol ni para desinfectarnos las heridas, y no es eso. Lo que pretendía la titular de Sanidad es que el consumo de alcohol no estuviera al alcance de los menores de 18 años, al no permitir el consumo a éstos de toda bebida «con graduación alcohólica igual o superior al 1,2%». Con lo cual quedaba fuera de circulación la sidra, la cerveza, el vino… y de ahí para arriba todo.

Pues respetamos la decisión de la ministra porque creemos a pie juntillas en su buena intención. También nosotros estamos hartos de tanto borracho despendolado, de tanto beodo con un volante en las manos, de tanta embriaguez de litrona incontrolada sin respeto a quienes viven junto a esas orgías, ni cuando hay que transitar al día siguiente chapoteando en los orines de los juerguistas. Pero nos molestan las acciones de los incívicos por sus consecuencias, no por la edad de éstos.

Y estamos cansados de tanta prohibición de todo. Queremos gente de orden, pero no por estar amarrada por un montón de leyes que no les permita moverse, sino convencida de lo que debe y no debe hacerse. Que sean los padres los que eduquen a sus hijos y sea su responsabilidad la que tenga que responder ante la opinión pública y -si llega el caso- ante la justicia.

Aun así pensamos que no había que cebarse con la ministra y aplaudimos su decisión de retirar la ley si tenía que estar llena de cortapisas. Todos se han puesto frente a ella. La oposición -Rajoy- calificó el proyecto de «disparate colosal» y una agresión «sin razón» a ciudadanos que «beben de forma moderada los fines de semana». (La ley no va para esos, señor Rajoy, va para los menores y con la misma buena intención que la que tuvo usted cuando, siendo ministro de Interior, quiso elaborar una ley antibotellón).

El sector del vino aplaude ahora la decisión de la ministra de retirar la ley con la misma intensidad con la que protestaba cuando quiso implantarla, al ver perjudicados sus pingües beneficios, sin importarles que la Confederación de Padres de Alumnos y el presidente de la Sociedad Española de Medicina General estén indignados por la paralización del proyecto porque primen más otros intereses que la salud de los jóvenes.

Pero lo peor ha sido lo de su jefe de filas, el presidente del Gobierno, que la ha desautorizado -como ayer hizo con la titular de Cultura con la ley del cine, también retirada por falta de apoyos- al temer que la aprobación de la ley le restara un montón de votos.

¿Qué piensa Zapatero, que la gente tiene que estar borracha para votarle? Pues igual tiene razón.

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